“Los vínculos son los que movilizan a la gente”

Entrevista a Amadou Bokar Sam, vínculo entre la asociación de senegaleses y la Fundación CEPAIM.

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¿A qué se dedica la Fundación CEPAIM?

La Asociación de Senegaleses se crea en 1988 para que los recién llegados puedan recibir apoyo y asesoramiento por parte de aquellos compañeros que ya han hecho el proceso, que ya han sido acogidos y que se sienten capaces de acoger a otros que atraviesan la misma situación. Cuando uno llega a un país ajeno se encuentra un poco desorientado y siente la necesidad de sentirse arropado por los suyos, quienes ofrecen su guía y acompañamiento hasta que la persona es autónoma y puede hacer su propio camino. Desde la asociación creemos que todos los que vienen aquí siguen teniendo un vínculo con su país; un vínculo que debemos mantener para establecer un puente entre Senegal y Catalunya. La integración no se decreta sino que se construye y, para eso, hemos de facilitar que la gente nos conozca: cuanto más nos conoce más nos valora y cuanto más nos valora más igualitaria es nuestra interacción. Sabemos que es difícil pero es nuestro objetivo. No queremos esconder nada; queremos visibilizar entre la comunidad que nos acoge todo aquello que llevamos en nuestra mochila (nuestros valores, nuestras creencias…) y, a la vez, coger nosotros lo que nos aporta esta comunidad. Buscamos promover el trasvase y la comunicación entre ambas culturas.

¿Cuál es tu responsabilidad en CEPAIM?

Soy el vínculo entre la Asociación de Senegaleses y CEPAIM, donde empecé a trabajar como técnico en un programa de acogida. Desde entonces hago de puente entre la fundación y la comunidad senegalesa, a la que me encuentro más próximo y tengo más facilidad de acceso al ser yo también senegalés. Como decimos en nuestra cultura, un árbol no puede subir a un árbol para llegar a otro árbol, pero una persona sí. Es necesario establecer un vínculo para que los compatriotas tengan acceso a recursos como los que ofrece CEPAIM y, a la vez, CEPAIM gane visibilidad entre la comunidad a la que pertenecemos. Porque aunque mi modesta persona sea el puente, detrás hay todo un trabajo en red.

¿Cuántas personas forman parte de la asociación? ¿Cómo las atienden o qué programas tienen abiertos?

La coordinación a nivel de toda Catalunya se crea a partir de Barcelona, donde se encuentra, digamos, la asociación madre. En esta ciudad tenemos muchos socios, hemos construido una comunidad fuerte que ha llegado a tener 200 personas afiliadas y que nos ha permitido gozar de autonomía en ciertos aspectos. Sin embargo, con la crisis, la participación por tema cuotas ha bajado. Nosotros intentamos animar a la gente a que se una, ofreciendo aquello que creemos que pueden buscar los socios; aquellos servicios que pueden motivar a pagar 36 euros anuales más 5 euros al mes. Para responder a sus intereses y lograr que se acerquen a la asociación y que la sientan como suya, promovemos diferentes acciones. Una de las más importantes es el asesoramiento jurídico y el apoyo e información sobre temas administrativos (pasaportes, repatriaciones…).

Además, también damos herramientas de formación y educación para que las personas puedan desarrollar su autonomía, a pesar de que cada vez es más difícil. La falta de recursos a causa de la crisis no solo nos afecta a nosotros sino también a la comunidad que nos acoge y, cuando las cosas van mal, es muy fácil ver al otro como responsable de los problemas. La convivencia se complica. Hemos de acompañar a nuestros compatriotas para que no caigan en un debate inútil y, en vez de culpabilizarse, se sientan un ciudadano más. Eso requiere tener cierta pedagogía, hablar con la gente, entender… y, en definitiva, hacer un trabajo de mediación entre culturas. Para lograrlo participamos en todo lo que la ciudad promueve, como cuando en 2011 Dakar fue la ciudad invitada de La Mercè, y realizamos acompañamientos socioculturales para compartir lo que hemos traído en la mochila: organizamos fiestas y bailes, damos apoyo a cofradías religiosas… Los vínculos son los que movilizan a la gente. Teniendo en cuenta estos lazos, cuando a un socio se le muere un familiar directo le pagamos el billete de avión para que pueda ir con su familia si así lo desea. En casos de vulnerabilidad extrema, también nos hacemos cargo del billete de personas que aquí atraviesan una situación dramática y que quieren volver al país de origen, aunque no sean socios. Independientemente de que paguen o no las cuotas, nuestra postura como asociación es no dar la espalda a nadie que pueda necesitar nuestra ayuda.

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Terreno  donde supo estar la Nave de la calle Pugcerda, desalojada y destruida por las autoridades.

En el caso de las personas que viven en asentamientos la problemática es muy difícil porque implica entrar en una dinámica de quedar al margen. La misma situación de precariedad provoca que estas personas tengan poca participación en las asociaciones. El acercamiento no es nada fácil, puesto que consideran que la asociación no sirve para nada, que está institucionalizada y que busca aprovecharse. Sin embargo, una cosa son las percepciones y la otra, la realidad. Como entidad podemos tener una incidencia que un individuo solo no puede tener. Podemos hacer presión, podemos hacer lobbying para llegar a acuerdos, firmar convenios etc. Apostamos por utilizar herramientas de mediación y por todo aquello que pueda ayudar a que 1, 2, 5 o 20 personas salgan de la marginalidad. Esto es lo que hace que, desde nuestro papel de asociación de senegaleses, estemos en coordinación con CEPAIM y otros en los planes propuestos por el ayuntamiento para la reinserción a través de la formación. No se trata de que asumamos la posición del ayuntamiento, pero tampoco podemos ponernos en contra. Creemos que tenemos la responsabilidad de dar toda la información (venga de donde venga) a la gente de los asentamientos para que cada persona tome su propia decisión, apoyándola en el proceso.

¿Cuál es la situación de los asentamientos en Barcelona?

Para nosotros la situación de los asentamientos es una situación de impotencia. Tradicionalmente, cualquier senegalés que llegaba aquí tenía un vínculo, gente que lo acogía. Pero llega un momento en que la comunidad no puede atender a todas las personas y, también por motivos propios, van cayendo en los asentamientos. Esta es una problemática que se arrastra desde hace tiempo y que nosotros hemos seguido desde el principio. En 2007 ya estábamos trabajando con la gente de los asentamientos y con la asociación de vecinos de Poblenou para la acogida favorable del proceso, hasta crear la Xarxa de Suport als Assentaments. En 2011 organizamos junto con ASISI unas jornadas de las que salió la idea de crear una cooperativa de recogida de chatarra. A partir de ahí, comenzó a visibilizarse el  problema hasta desmantelarse en 2013 el asentamiento de la emblemática Nave de Poblenou, en la calle Puigcerdà, donde vivían más de 300 personas.

En este y otros asentamientos, como el de la calle Badajoz, la comunidad había empezado a autogestionarse y algunos de sus miembros se habían convertido en pequeños empresarios. Siguiendo una lógica natural, habían ido prosperando y llegó un momento en el que había muchos intereses individuales. Lo que defendían unos y otros era diferente: no era lo mismo el que temía perder su bar, que el que temía perder su taller, que el que no tenía nada que perder. En un momento determinado, nosotros nos opusimos a que unos listillos que habían salido del montón se beneficiaran al ver una oportunidad de oro para montárselo por encima de los intereses del colectivo. Ahí estaba la divergencia y, como también es lógico, fue aprovechada por la administración para poder salirse con la suya.

El ayuntamiento ofreció alojamiento e inserción sociolaboral a las personas desalojadas, pero no todas quisieron o pudieron acogerse al plan. Hay 3 o 4 pisos regentados uno por CEPAIM, otro por Cruz Roja, otro por Iniciativa Solidaria… y la mayoría de gente que vive allí ha podido hacer formación e incluso conseguir un contrato. Sin embargo, no son pocos los que no han tenido la oportunidad de hacer este proceso y viven en albergues. Si el ayuntamiento hubiera sabido que serían tantos quizás no lo habría hecho, porque le está saliendo por un ojo de la cara mantenerlos durante tanto tiempo. Sin contar que muchas personas no aceptaron esta alternativa.

La realidad es que al ayuntamiento le importaba un bledo el proceso asambleario y de dinamización que se había iniciado en los asentamientos. Al contrario, lejos de consolidarlo sobre una base democrática y participativa, le convenía que las personas se machacaran entre ellas para así llevar a cabo su objetivo. Fragmentando, lo ha conseguido. Y para eso ha contado con la complicidad de las entidades y asociaciones implicadas.

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Entrando al terreno de lo que fue la Nave ocupada de la calle Puigcerda.

¿Qué dificultades encuentran a la hora de poder dar apoyo a las personas en esta situación?

Como digo, el ayuntamiento ha jugado su papel de administración. Pero eso no me interesa; lo que me preocupa es que dentro de los asentamientos ha habido una instrumentalización por parte de la sociedad civil misma. A excepción de la asociación de vecinos de Poblenou, los movimientos sociales que intervinieron en la problemática aterrizaron tarde, cuando la realidad ya estaba allí. Mi pregunta es: ¿Por qué ahora y no antes? Algunas entidades formaban parte de una estrategia por parte del ayuntamiento para ganar visibilidad, ya que no es lo mismo trabajar con CEPAIM o ASISI que con Cruz Roja. Sin embargo, estas entidades no sabían ni donde estaban los asentamientos y tuvieron dificultades para actuar. La gente no las reconocía y las identificaba con la administración.

Cuando llegaron, el líder era Keraba. A las asociaciones les gustó porque tenía un buen discurso pero, en el momento en que hubo discrepancias, buscaron otro líder. Y después otro, y otro, de modo que venía el ayuntamiento y cada dos por tres había un interlocutor diferente. Constantemente fabricaban nuevos líderes que estuvieran en sintonía, mostrando una actitud muy paternalista: mis hijos, mis inmigrantes. Pero no somos inmigrantes de nadie y no por el hecho de tener conciencia política y argumentos propios debemos ser rechazados para evitar el choque y ser llevados donde uno quiere. Esta manipulación, aunque inconsciente, es una práctica poco ética por parte de las organizaciones y lo único que hace es desunir y contribuir a fragmentar la comunidad. Como asociación de senegaleses procuramos desmarcamos de todo aquello que no beneficie al colectivo, aunque algunos también nos acusen de haber sido instrumentalizados.

¿Cuál es la relación con gente que participó en los asentamientos como Ibrahima y de qué manera lo apoyan?

No puedo ir en contra de Ibrahima (ni de Keraba, ni de ningún otro), pero tampoco he evitado nunca el choque con él. Incluso me increpó por la calle porque, como asociación, decidimos adoptar un tono conciliador cuando un joven senegalés murió a raíz de la batalla con un gitano. Él y otros compatriotas nos consideraron unos vendidos, mientras nosotros creímos que era un error alimentar el conflicto ya que todos los inmigrantes, al fin y al cabo, somos víctimas de la discriminación. En los momentos de tensión y dificultad tanto Ibrahima como yo hemos mantenido nuestra postura y, a pesar de no estar siempre de acuerdo, hemos sabido ver que compartimos muchas cosas. A base de mediación y negociación hemos comprendido que el conflicto entre nosotros es fruto de situaciones determinadas y que esto no debe impedir que establezcamos espacios de diálogo.

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Ibrahima retratado por Joan Tomás.

¿Qué tendría que cambiar políticamente y/o socialmente para poner fin o ayudar a resolver la problemática de los asentamientos?

Antes de los desalojos propusimos al ayuntamiento realizar un diagnóstico de la situación en los asentamientos para ver quién vivía en ellos, por cuánto tiempo, qué hacía y qué quería hacer, cómo quería hacerlo… pero el ayuntamiento dijo que no; que lo tenía todo controlado. A pesar de que teníamos puntos de vista diferentes mantuvimos negociaciones, porque este ayuntamiento (al que no tiro flores) hizo mucho más que los anteriores gobiernos de izquierdas. Los que se quedaron de brazos cruzados cuando tuvieron el poder y luego iban a las manifestaciones con la panderita y se solidarizaban con la causa.  Esto es hipocresía política, esto es lo que ocurre: que nadie quiere ver la problemática ni identificarla como parte de la realidad barcelonesa. Los asentamientos siguen existiendo. Aunque ya no sean fijos; aunque ya no se hagan manifestaciones, ni mítines. Hay gente, compañeros míos, que siguen bajando a los asentamientos y trabajando en ellos, dando apoyo a las personas que se encuentran en esa situación.

¿Cómo podría la sociedad civil apoyar el trabajo de la asociación? ¿Y a las personas que se encuentran en los asentamientos o que fueron desalojadas?

Partir del análisis y ser consciente de cuál es la situación a pesar de que mediáticamente haya dejado de vender. La realidad ha cambiado poco, sigue siendo la misma, y la sociedad civil debe tener claro cuál es su papel y su perspectiva de solidaridad. Lo ideal para nosotros es que la reivindicación ciudadana no apoye la causa simplemente por un tema de visibilidad sino porque cree en los principios que defendemos. Esta es la base, el punto de partida sobre el que trabajar la realidad sin ninguna pretensión de a quién le pertenece. Cuando la sociedad civil no se lave las manos y deje de decir que es competencia del gobierno, cuando sea capaz de hacer presión para que las cosas cambien e incluir a las personas en situación de vulnerabilidad para hacer lobbying, la situación podrá mejorar. En este sentido, espero con gran expectativa cuál será el panorama después de las elecciones.

Si la ciudad entera pudiera escucharte… ¿qué dirías?

Es difícil… la situación realmente es tan jodida que a veces pensamos y actuamos en nombre de las personas afectadas sin que estén presentes. Es un error fundamental, voluntario o no, por parte de todos los actores implicados: dejamos que estas personas participen pero no que lleven la voz cantante. La llevan otros, que cuando se acaba la manifestación se van a dormir tranquilamente a sus casas. Incluido yo. Mientras hay gente que se queda a la intemperie. Esta es la realidad.