“La transformación social es cosa de todos”

Entrevista a Mireia Escobar; técnica en la asociación EICA (Espai d’Inclusió i Formació del Casc Antic).

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¿A qué se dedica la asociación en la que trabajas?

EICA lleva 35 años de trayectoria en el territorio. Históricamente venimos trabajando desde el paradigma de la educación popular. Tras la aparición de nuevas realidades, y por lo tanto, de nuevas necesidades en el territorio, nos vamos abriendo poco a poco hacia la interculturalidad y la acogida de la nueva ciudadanía. El objetivo final de la asociación es favorecer una ciudadanía activa.

¿Cuál es tu responsabilidad en la asociación?

Mi responsabilidad es la de coordinar el Proyecto de jóvenes Ta-axira: formación instrumental y lingüística, soporte laboral, convivencia y ciudadanía para jóvenes “nouvinguts”. Trabajo junto con el equipo de personas contratadas, que somos 4 en total, y con el equipo de colaboradores, que en nuestra asociación son también los socios y socias de la entidad.

¿Cuántas personas atienden durante un año? ¿Cómo las atienden o qué programas tienen abiertos?

Atendemos alrededor de 900 personas al año, de 16 años en adelante.

Trabajamos a partir de tres ámbitos: la mediación, la formación y la participación.

El ámbito de la mediación se divide en la atención directa, con el Servicio de Mediación: Punto de Información, asesoramiento y acompañamiento; y la parte de sensibilización, con el Proyecto “d’Apropament a la Diversitat”.

Desde el ámbito de Formación ofrecemos 3 proyectos: el Proyecto de Inmersión sociolingüística, en la que se hace formación en las lenguas vehiculares, conocimiento del entorno y se trabaja la participación de manera transversal; el Proyecto de Formación Instrumental Básica, que ofrece clases de alfabetización y neolectura, y que conecta con nuestro origen. Y finalmente el proyecto de jóvenes Ta-axira, que atiende todas las necesidades contempladas en los demás proyectos, pero enfocadas a un perfil concreto.

Por último, el ámbito de la participación, comprende por un lado lo que sería el propio mantenimiento de la asociación como tal, donde se trata de mantener esa filosofía de entidad como espacio de compromiso social. Y por otro lado, la escuela de participación, desde en la que a partir de todos los proyectos se generan espacios para que aprendamos a participar.   

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El caso de Ilyas, dentro de que problemática social se enmarca?.

En el caso de Ilyas hablamos de Menores Migrantes No Acompañados (MMNA), que como bien dice la etiqueta, son personas menores de 18 años, que emprenden un proyecto migratorio solos, y como se encuentran sin la salvaguarda de sus familiares aquí en España, son tutelados por la administración y acogidos en centros de protección de menores.

¿Cuál es la situación de los MMNA en Barcelona?

Barcelona lleva siendo una ciudad de paso y de destino de estos jóvenes desde hace más de 15 años. A lo largo de este tiempo se han ido adaptando los circuitos de atención a estos menores, pero a pesar de los años de experiencia, aún queda mucho por mejorar y estos jóvenes siguen estando expuestos a una situación de extrema vulnerabilidad. No solo siendo menores, sino más aún cuando cumplen la mayoría de edad, ya que no todos tienen la “suerte” de ser apoyados por recursos de continuidad e incluso los que sí son apoyados bajo el paraguas de las entidades se encuentran con numerosas trabas para seguir adelante.    

¿Cómo conocen a Ilyas y de qué manera lo apoyan?

Conocemos a Ilyas porque es derivado desde el centro de protección de menores en el que se encontraba acogido y desde enero de 2015 participa en el proyecto de jóvenes ta-axira de Eicascantic.

Ilyas viene todas las mañanas de lunes a viernes, tiene clase de 11:30 a 13:30, de castellano, catalán, informática, conocimiento del entorno… y además de apoyarle en esta vertiente más formativa, que le permitirá acceder a otras formaciones con una base más sólida, también se le refuerza y acompaña en su proceso, en lo que es la gestión emocional, las habilitadas sociales, la autonomía… En general somos un lugar de referencia en el que él sabe que podemos echarle una mano en aquello que necesite, sobretodo dentro de lo que es la derivación a otros recursos, el asesoramiento y acompañamiento.

En su caso además, le apoyamos en este momento tan frágil de pasar de ser menor a mayor de edad. La semana que viene cumple los 18. Los cambios que esto conlleva desestabilizan el proceso que los jóvenes vienen llevando y hay que trabajar mucho y muy bien ese camino, ya que pasan de tener una vida pautada y controlada en el marco del circuito de protección, a tener que enfrentarse a una emancipación temprana, en un país nuevo, sin familia, sin recursos y muchas veces sin las habilidades necesarias. Por lo tanto tenemos que tener en cuenta que son momentos muy complicados y que los obstáculos con los que se encuentran no son pocos. Los chicos que logran llegar hasta aquí y superar todo este camino lleno de piedras, con más o menos éxito, demuestran que son personas con una capacidad resiliente increíble. Y es que realmente no se lo ponemos nada fácil.    

La foto de Ylias en el mercado de Hostafrancs en Barcelona.

La foto de Ylias en el mercado de Hostafrancs en Barcelona.

 ¿Cuántas personas atienden en la asociación con la misma problemática o similar?

En la entidad atendemos a unos 70 jóvenes al año. A nivel de números en Barcelona,  los últimos datos publicados son del año 2009. Pero estos datos no son muy fiables, debido a la falta de criterios comunes a la hora de registrar estos menores, y también por la gran movilidad del colectivo.

¿Qué dificultades encuentran a la hora de poder dar apoyo a las personas en esta situación? ¿Qué tendría cambiar políticamente y/o socialmente para que estas situaciones no  pasaran, o fueran de más fácil resolución?

Dificultades muchas. Principalmente la gran inestabilidad de las entidades sociales. Tenemos muchas dificultades para mantener esto en pie, económicamente. Nos nutrimos principalmente de subvenciones de la administración, y los recortes en el ámbito social nos han afectado mucho. Hemos llegado a sostener la asociación, en 2013, con una sola persona contratada, contando que llegan a pasar por los proyectos unas 900 personas al año.

Otra dificultad más propia del colectivo y vinculada también a las políticas sociales seria claramente la Ley de extranjería. Estos chicos se ven afectados, por un lado, por la ley de extranjería, por su condición de extranjeros, y por otro lado por toda la legislación internacional, estatal y autonómica de protección al menor. Y a pesar de que la condición de menor debería prevalecer a la de extranjero, vemos que esto no sucede. A los menores, cómo lo dice la ley, (y no siempre a todos), se les cuida por ser menores, se les tramita la primera residencia y luego les empujamos por el abismo. ¿Por qué? Primero, porque no todos se “ganan la oportunidad” (¿derecho?) de acceder a recursos de continuidad una vez cumplidos los 18, condenándolos  a quedarse excluidos, vivir situaciones de calle o migrar forzosamente a otros lugares. Y segundo porque los permisos de residencia se hacen imposibles de renovar y los permisos de trabajo imposibles de obtener. Nos excusamos en el cumplimiento de la ley pero no se están contemplando realmente las necesidades de los jóvenes, sobretodo  una vez son mayores de edad, haciéndoles dependientes de las ayudas sociales y empujándolos a la exclusión social. Esta ley es la gran barrera que impide totalmente la inserción de estos jóvenes. Estamos haciendo una mala gestión de los recursos. Así creamos un problema de donde no tendría que haberlo. Porque ellos ya están aquí, viven aquí, y tienen la capacidad, las ganas y las fuerzas para seguir adelante; pero no les dejamos. Hay que apostar por ellos, y darles la oportunidad, en igualdad de condiciones, de poder buscarse la vida, legalmente.   

Así que en resumen, necesitamos una disposición política real para dar espacio a estos jóvenes. Aunque todo esto no solo tiene que ver con la ley extranjería española, ya tendríamos que hablar aquí de las políticas migratorias instauradas desde Europa, y esto no solo sucede en Europa, también en la frontera de México-Estados Unidos, así que ya es una cuestión a nivel global que tiene mucho que ver con las desigualdades Norte-Sur.

Quisiera no dejar de mencionar como dificultad esa parte más emocional que tan poco se trabaja con estos jóvenes. No nos podemos olvidar de todo lo que supone para un adolescente la separación de su familia, sus amigos, su barrio, su entorno, su tierra. La adaptación al nuevo contexto, dejar tu hogar para pasar a vivir en un centro, la añoranza de los tuyos; la impotencia y la frustración que se siente al no poder alcanzar todo aquello por lo que venías soñando; el rechazo, las miradas de desprecio de desconocidos que tanto se clavan; la desesperación y la incertidumbre por no saber qué será de ti cuando hagas los 18… todo este peso se tiene que canalizar de alguna manera. Y cada uno lo hace a través de las herramientas que tiene a su alcance.  

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¿Cómo podrían las personas de la sociedad civil apoyar el trabajo de la asociación?

Se puede colaborar en la asociación aportando tiempo y/o ofreciendo ayuda económica. Estamos en la calle Comerç número 42.  

¿Y a las personas que se encuentran en la situación de Ilyas?

Entre todos podemos colaborar en la sensibilización social, acercarse al colectivo, conocer sus historias y sus sueños, para así romper con los estereotipos que tanto estigmatizan y criminalizan a estos jóvenes.  

Si la ciudad entera pudiera escucharte… ¿qué dirías?

Diría que tenemos que seguir luchando, que la transformación social es cosa de todos. Y que los menores y jóvenes migrantes no se mueven por capricho, las causas son mucho más profundas y todos tendríamos que aprender a mirar un poco más allá. Y también que deberíamos dejar de apagar fuegos para replantearnos verdaderamente cómo estamos actuando con estos jóvenes, nuestros jóvenes.

Fotografía de Ilyas en la instalación de la plaza Sarriá en Barcelona.

Fotografía de Ilyas en la instalación de la plaza Sarriá en Barcelona.