“La sociedad tiene que despertar”

Entrevista a Inés Clarés, educadora social en el Lloc de la Dona.

Debora con Inés del Lloc de la Dona, asociación que da apoyo a prostitutas en el Raval de Barcelona.

Debora con Inés del Lloc de la Dona, asociación que da apoyo a prostitutas en el Raval de Barcelona.

¿A qué se dedica la asociación en la que trabajas?

Lloc de la Dona se dedica a la atención a mujeres en exclusión social vinculadas a la prostitución. Suelen ser mujeres inmigrantes, hasta hace poco sin papeles, que ejercen la prostitución en la calle. Este es el último eslabón de la prostitución porque es lo más visible, lo que tiene peor consideración entre la gente y está más estigmatizado. Por eso, estas mujeres no solo deben hacer frente a la exclusión social por falta de recursos económicos sino también por situaciones de discriminación ya que reúnen muchas victimizaciones: son inmigrantes, mujeres, negras y trabajan en la calle.

¿Cuál es tu responsabilidad en la asociación?

Soy educadora social y me ocupo de la atención directa a las mujeres.

¿Cuántas personas atienden durante un año? ¿Cómo las atienden o qué programas tienen abiertos?

Al año atendemos unas 300 mujeres.Una parte muy importante de nuestra labor es el trabajo sobre el terreno, es decir, vamos a  entornos donde se ejerce la prostitución y allí ofrecemos información y asesoramiento a las mujeres sobre sus derechos y deberes. Antes íbamos a la calle. Ahora ya no porque lo cubre el ayuntamiento, así que nos dirigimos a pisos, locales y clubs donde se ejerce la prostitución.  

De este trabajo sobre el terreno surgen unas demandas básicas de atención social ya que hay que cubrir las necesidades primordiales de las mujeres: atención sanitaria, jurídico-legal… A partir de aquí, también es fundamental su formación e inserción laboral para que, aquellas que deseen el cambio, puedan dejar atrás la prostitución.

Las mujeres con permiso de residencia y de trabajo, generalmente, son derivadas a entidades especializadas y en Lloc de la Dona nos ocupamos de su seguimiento y acompañamiento, trazando un itinerario de inserción. Sin embargo, esto es especialmente complicado en el caso de las mujeres que no tienen papeles, a quienes nosotros mismos ofrecemos cursos y talleres de atención a personas mayores, limpieza en domicilios… Encontramos algunas oportunidades de inserción y ofertas para que puedan trabajar en estos sectores, pero es muy difícil y, por eso, hemos creado un proyecto de economía social y emprendeduría. Se trata de una asociación que acoge a 4 o 5 mujeres, que han recibido formación en costura y que ahora trabajan produciendo cojines, collares y otros complementos con telas africanas. Es una manera de que puedan tener un trabajo digno.

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Al fin y al cabo, nuestro objetivo es lograr que estas mujeres sean más autónomas e independientes y, con ello, mejorar su calidad de vida. Según cada perfil, esto implica una cosa u otra: hay mujeres que desean seguir trabajando en la prostitución, otras que quieren salir de ella si encuentran alternativas, otras que no tienen opción porque son víctimas de la explotación de la trata… En Lloc de la Dona no juzgamos ni nos posicionamos, simplemente defendemos los derechos de las trabajadoras y buscamos apoyarlas.

¿Cuál es la situación de la trata de mujeres en Barcelona?

Desde hace treinta años, Lloc de la Dona está establecido en el Raval y atendemos a mujeres rumanas y latinas. En 2009 empezamos a dirigirnos a la zona de las Ramblas porque vimos que el colectivo de mujeres nigerianas estaba desatendido. Prácticamente todas las mujeres africanas que se dedican a la prostitución proceden de Nigeria y, en concreto, de la ciudad de Benin (capital de Edo State). Allí nace una importante red de trata porque muchas mujeres están dispuestas a hacer lo que sea por venir a Europa y, las que lo han vivido, no cuentan su verdadera experiencia o todo el sufrimiento por el que han tenido que pasar. Por tanto, no llega la información real.

En el caso de las mujeres nigerianas, llegan a España después de realizar un viaje durísimo por el desierto y de cruzar el estrecho, muchas veces embarazadas o con niños. Entonces llegan aquí y no tienen papeles ni nada, solo, sin quererlo ni saberlo,  una deuda de entre 40.000 y 60.000 euros. La única manera que tienen de pagarla es dedicarse a la prostitución y trabajar en la calle: en la zona de las Ramblas, del Campo del Barça, de los alrededores de la ciudad… La persona o el grupo que las ha traído hasta aquí ejerce una fuerte presión sobre ellas para que salden la deuda, amenazando a su familia en Nigeria. Y, frecuentemente, la propia familia en Nigeria también las presiona para que paguen, aunque no se imaginan en qué situación viven ni en qué condiciones trabajan para reunir todo el dinero.

La mayoría de mujeres no ven la trata como un delito sino como un compromiso adquirido que hay que cumplir. Este se sella con un ritual de vudú en Nigeria,  con el que, desde nuestro punto de vista, les meten el miedo en el cuerpo. Les dicen que si rompen el compromiso le va a pasar algo malo a sus hijos, a sus padres… y, claro, esto funciona porque ellas lo creen. Más allá del hecho de que luego las amenazas son reales.

¿Cómo conocen a Debora y de qué manera la apoyan?

Ella llegó aquí derivada de una entidad de recogida de alimentos, que la puso en contacto con Lloc de la Dona por nuestra experiencia a la hora de atender a mujeres nigerianas. Como en aquel momento Debora tenía permiso de residencia, inició cursos de auxiliar de geriatría y de costura. Al estar becada la formación yo no atendí su caso de inicio, porque con esa ayuda y lo que ganaba en la calle iba saliendo adelante. Fue en 2012, cuando perdió el permiso de residencia, que empezamos una pelea legal que todavía seguimos, con mil gestiones, abogados y juzgados para conseguir regularizar su situación y la de sus hijos. Esta es la mayor preocupación de Debora aunque, como la situación en la calle ha empeorado por el aumento de la presión policial y es más difícil sacar dinero, también le ofrecemos soporte para cubrir sus necesidades básicas.

Nos coordinamos con servicios sociales y buscamos el apoyo a la familia pero, sin permiso de residencia, este es muy limitado. De hecho, su asistente social, que lleva años de seguimiento del caso, está al tanto de su proceso de formación e inserción y solo queda a la espera de los papeles para poder tramitar un PIRMI (Renta Mínima de Inserción), que a Debora le proporcionaría unos ingresos de 500-600 euros.

De momento, sin embargo, no puede optar a ello. Y con la ayuda actual y lo que gana limpiando unas pocas horas en un par de casas y siendo la imagen de Dona Colors, no gana suficiente. Estamos siempre pendientes de si sale algún trabajo pero hay muy pocas ofertas, así que cuando necesita el dinero sigue yendo a la calle. En un día puede ganar 200 euros o volver sin nada o, como la última vez, con una orden de expulsión.

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Foto de Debora en la persiana de un comercio en el barrio Santa Caterina de Barcelona.

Con toda esta problemática, la última opción que nos queda es que solicite el permiso de residencia como víctima de trata; algo que todas procuran evitar. No consideran que la trata sea un delito y no quieren acusar a nadie, ni a través de una denuncia (con lo que obtendrían el permiso en pocos meses) ni por medio de abogados (en un plazo de medio año). En el caso de Debora, todavía no hemos iniciado el trámite porque estamos a la espera de que le concedan el permiso por otras vías. Si no es así, sí que iniciaremos la solicitud como víctima de trata. Para ella es el último recurso pero, después de muchos años aquí, ya se reconoce como tal y es consciente de la vulneración de derechos y de la explotación que ha sufrido. Ha perdido el miedo a acudir a la policía y ha entendido que ha llegado el momento de pensar en ella, aunque sigue viéndolo como un acto egoísta.  

Si hablamos de números, ¿conocemos los datos de las personas que se encuentran en la misma situación en Barcelona?

Sabemos que la mayoría de mujeres nigerianas que trabajan o han trabajado en prostitución lo hacen para pagar la deuda adquirida. Sin embargo, no disponemos de datos concretos; lo que sabemos es fruto de la experiencia y de ir recogiendo sus historias de vida.

Si hablamos de las mujeres que se dedican a la prostitución en Barcelona, podemos tener un número aproximado en calle, pero no en pisos, clubs o locales porque hay mucho más de lo que pensamos o está reconocido.

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¿Qué dificultades encuentran a la hora de poder dar apoyo a las personas en esta situación?

Sobre todo, falta de recursos económicos para impulsar un proceso de mejora. En el caso de las mujeres nigerianas, casi siempre quieren buscar otro trabajo, así que necesitan formación. Esta va desde el idioma hasta la adquisición de habilidades necesarias para incorporarse al mercado laboral español: cuestiones como la puntualidad, la manera de dirigirse a la gente o, incluso, de limpiar, diferente en su país.

Sin embargo, no es fácil mantener esta formación sin un respaldo económico, porque tienen que ir a clase después de trabajar toda la noche en la calle. En Lloc de la Dona intentamos que las mujeres reciban becas por los cursos, pero cada vez es más difícil que obtengan ayudas, especialmente a la hora de cubrir las necesidades básicas.

Cuando tienen alguna prestación que, por lo menos, les permite pagar el alquiler y sacar adelante su familia, sí que afrontan con gran motivación todo el proceso formativo y de inserción. Aun así, al final este se acaba estancando ante la imposibilidad de obtener los papeles, lo que deja a las mujeres en situación de vulnerabilidad y limita mucho sus posibilidades.

¿Qué tendría cambiar políticamente y/o socialmente para que estas situaciones no pasaran, o fueran de más fácil resolución?

Deberían llevarse a cabo políticas menos hipócritas. Por un lado, se persigue a las mujeres que trabajan en la calle para que no sean visibles y, por el otro, se destinan pocos recursos a ayudarlas aunque se reconoce que hasta el 80-90% de ellas están en situación de trata. Por tanto, se sabe cuál es su situación y que por eso hacen lo que hacen, pero no se les ofrece ninguna alternativa porque no tienen papeles y no existen.

Para la mayoría de mujeres, el acceso a los derechos que se supone que tienen es muy difícil si no se identifican como víctimas de trata. Les cuesta hacerlo por miedo a represalias de los grupos de trata pero también por falta de confianza en la polícia. Para ellas, los mismos que dicen querer ayudarlas son los que luego les ponen multas o las persiguen en la calle. Como consecuencia, evitan denunciar y, a pesar de que se contemplen en los protocolos, en la práctica no se reconocen sus derechos.

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España va con mucho retraso en la implantación de la legislación europea sobre la trata. Y a nivel social también falta sensibilización. Hay muchos discursos sobre prostitución y la gente tiene ideas confusas; no diferencia la prostitución ejercida libremente de la forzada o de la explotación. Falta información. Los clientes podrían ser una vía para mejorar las condiciones de estas mujeres pero no suelen estar por la labor, hay algunos que ni siquiera las respetan y no están dispuestos a escuchar sus problemas.

¿Cómo podrían las personas de la sociedad civil apoyar el trabajo de la asociación? ¿y a las personas que se encuentran en la situación de Deborah?

Empezando por los clientes, podrían estar más atentos a situaciones de abuso y de explotación, aunque legalmente la prostitución sólo se considere delito si se practica en la vía pública (no en clubs o locales). En cualquier caso, los clientes podrían dirigirse a entidades como Lloc de la Dona, denunciar o ayudar directamente a las mujeres. Hay algunos casos, pero pocos.

Ahora bien, no se trata solo de criminalizar a los clientes. El origen de la trata va mucho más allá y se mueven grandes cantidades de dinero. Es un fenómeno internacional, con grandes redes que nacen en Nigeria, donde hay una gran corrupción, y que se extienden por muchos países. Prácticamente en todas las investigaciones sobre trata se demuestra que algún español o residente europeo se está lucrando.

Volviendo al papel de la sociedad civil a la hora de ayudar a mujeres como Debora, lo que más necesitan y desean son ofertas de trabajo que les permitan incorporarse al mercado laboral y, con ello, regularizar su situación. Esperan que alguien les dé la oportunidad de trabajar para, a partir de aquí, abrir una red de relaciones más allá de su comunidad. Si no, no se relacionan con nadie más.

Si la ciudad entera pudiera escucharte… ¿qué dirías?

La sociedad tiene que despertar. Estas mujeres existen y viven aquí en Barcelona. A nuestro lado se dan cada día situaciones de trata, explotación y fuerte exclusión, que muchas veces no vemos… o no queremos ver.

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