Debora

Mi nombre es Debora. Nací y crecí en Edo State, en Nigeria, junto a mi madre y mis siete hermanos y hermanas. Yo soy la pequeña y fui la única que tuvo la oportunidad de cursar secundaria. Mi madre me apoyó mucho, pero cuando acabé me dijo que no podía seguir con mis estudios porque no teníamos suficiente dinero para pagarlos. Entonces me fui a aprender diseño de moda. Lo dejé a los cuatro meses al ver que la situación familiar realmente era muy difícil. Me angustiaba. Por eso acepté la propuesta de una señora que me dijo que podía ayudarme; que era muy guapa y que con mi cuerpo de modelo podía ir a Europa y ganar dinero para vivir y cuidar de los míos. 

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Me puso en contacto con un señor que también era nigeriano. Él me aseguró que no tenía que preocuparme de nada, que una vez allí encontraría un buen trabajo con el que pagarle – sin mencionar en ningún momento de qué cantidad estábamos hablando. Así que me fui con él y otras cuatro chicas en avión a Italia. 

Tardé dos años, de 2001 a 2003, en saldar mi deuda, que resultaron ser 40.000 dólares. Saqué el dinero de la calle, trabajando cada día sin descanso. Y cuando por fin lo logré y pensaba que todo había acabado, que podría estudiar y encontrar otra faena, vino la policía. Como muchas otras de las chicas, no tenía permiso de residencia y después de 41 días encerrada en un centro, me deportaron a mi país. 

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Volví a casa sin dinero y sin nada. No pude aguantar mucho tiempo esa situación y busqué a otra persona que me ayudara a salir de Nigeria. Sabía a lo que iba y el tipo de trabajo que tendría que hacer, pero me callé. No dije a ese hombre que ya había estado en Europa porque cuando conoces lo que hay no te cogen. Porque no querrás pagar. Esa era mi idea: entrar en España y luego huir, aunque todo se complicó. 

Pasamos meses escondidos en camiones hasta llegar a Marruecos, donde estuve seis años. Me quedé embarazada y eso retrasó mi salida. Con un niño pequeño al que cuidar no podía sobrevivir a las duras condiciones del bosque y, tras un primer intento en 2004 de llegar a España, no me dejaron embarcar. Tuve que volver a manos de ese hombre. Tenía un cuchillo. Me pegaba. Me torturaba, para que nunca me olvidara mi deuda por haberme sacado de Nigeria.

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Fue muy complicado. Me vi obligada a pedir en la calle y nadie me ayudó, solo la gente que me dio comida y ropa para el pequeño. Aun así, seguía sin dinero y acabamos viviendo en la montaña con más gente. Pasó el tiempo y allí encontré a alguien para poder ir a España. Estaba enferma y muy débil, embarazada de mi segundo hijo y con un niño de cinco años a mi cargo, pero aproveché la oportunidad.

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Cruzamos el estrecho en patera y llegamos a Cádiz. Pensé que todo el sufrimiento había terminado… aunque estaba equivocada. La Cruz Roja nos recibió y nos ofreció alojamiento. Un año. Después, nos dijeron que ya no podíamos quedarnos. Nos marchamos a Cataluña, a vivir a una habitación que alquilé en Badalona y que no puedo pagar. A veces no tenemos para comer. El mayor me pregunta dónde voy cuando salgo por las noches, porque sigo trabajando en la calle a pesar de que cada vez es más difícil. Ya soy mayor, tengo 30 años. Pero he de ganar dinero para ellos y para saldar una deuda de la que no he podido escapar. Ya he pagado 15.000. Me falta todavía la otra mitad. Pero decidí que no la voy a pagar, aunque se que si no la pago, amenazan a mi familia. No nos dejan en paz. 

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No sé qué hacer. La situación aquí es muy difícil y he de estar siempre vigilante. Las cosas han mejorado con la ayuda del Lloc de la Dona. He hecho varios talleres y he aprendido castellano: ahora puedo escucharlo, leerlo, hablarlo. Además, me siento acogida y menos sola, porque aquí cuesta mucho encontrar un sitio y formar parte de una comunidad.

Debora con Inés del Lloc de la Dona, asociación que da apoyo a prostitutas en el Raval de Barcelona.

Debora con Inés del Lloc de la Dona, asociación que da apoyo a prostitutas en el Raval de Barcelona.

 Intento que esto no afecte a mis hijos. Van al cole y están contentos, sacan buenas notas. Para eso estoy aquí. Para que tengan una buena vida. No quiero que vivan en Nigeria. Solo volvería de vacaciones para ver a mi madre, que no veo hace 12 años. No quiero que sufran y pasen por lo mismo que yo. Es muy duro, muy triste. Es demasiado. Mi preocupación es evitarlo y protegerlos; conseguir el permiso de residencia y un buen trabajo para darles un futuro.

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